Migración forzada, un Camino a la Muerte

juan antonio

juan antonioBy Luis Lopez Resendiz∞

Julio 13 de 2015, San Diego, CA- Hay una idea socialmente construida que nos hace creer que Estado Unidos es una nación en donde todos nuestros sueños se hacen realidad. Esta idea nos hace creer que la libertad y la paz son los pilares que sostienen la llamada “democracia” que hay en este país.  Pero esta idea no nos dice que aquí una persona puede ser más pobre de lo que era en su lugar de origen, nadie nos dice que aquí se vive encadenado a las cuentas que se tienen que pagar cada mes y que el saldo mínimo, que puede ser el doble o el triple de lo que se gana de donde somos, nos mantiene en lo más bajo de las clases sociales sin darnos la oportunidad de salir adelante y progresar.  Nadie se imagina que aquí en Estados Unidos una persona común pasa más tiempo en el trabajo que con su familia, como si fuera un tipo de esclavitud moderna, las y los obreros trabajan hasta el último hasta día de sus vidas. Esta idea del “sueño Americano” nos pinta una vida llena de éxitos hasta que vemos la pesadilla en la que se convierte, más sin embargo, debido a la falta de trabajo, comida y oportunidades, miles de millones de personas  salen de sus pueblos a buscar un sueño al Norte. Lamentablemente mucha/os pierden la vida en el intento.

Imagina que del pueblo de donde eres originario/a es de muy pocos recursos y no hay trabajo y si hay el salario mínimo no te alcanza para vivir una vida digna. Que gastas más dinero en el transporte público que en la comida de la semana pues tu trabajo está lejos de tu casa. Imagina un sentimiento de desesperación y tristeza que recorre tu cuerpo por no poder proveer y ayudar a tu familia cómo tú quieres. Ahora imagina que te quedas sin trabajo. Que lo poquito que ganabas ahora ya no lo ganas. Ya no te alcanza para los frijoles ni las tortillas porque son muy caros. En la televisión Enrique Peña Nieto y todos los políticos te aseguran que en México las cosas están mejor que nunca, que con la entrada de las empresas extranjeras hay trabajo para miles de mexicanas  y mexicanos y que sus reformas políticas están mejorando la calidad de vida de las y los mexicanos. Entre tantas promesas tú te das cuenta que todo eso es mentira. Que en tu pueblo la mayoría de jóvenes ha migrado hacia Estados Unidos. Se van a buscar trabajo al extranjero porque en México no les  alcanza para vivir una vida digna con el salario mínimo que se gana. Lamentablemente, si quieres que te den un aumento salarial, tienes que conocer a alguien o tener una educación que en tu pueblo no es una prioridad ya que hay más hambre que libros bajos los techos de las casas.

Con la falta de trabajo y de oportunidades en tu pueblo y/o en México eres forzado/a a salir en un recorrido incierto hacia los Estados Unidos de América.  Con la militarización de la frontera y con lo difícil que es cruzar al otro lado con tanta seguridad, decides irte con un grupo de personas por el camino más largo, el más caliente, el más engañoso, el desierto.

Imagina que el desierto es más grande de lo que pensabas, que empiezas a sentir cansancio, sed, sueño y hambre  pero tus ganas de llegar al norte son más grandes que el desierto y entonces sigues caminando siguiendo al guía que les va marcando el camino para llegar a los Estado Unidos.

Imagina llegar al punto donde tu cuerpo ya no aguanta mas, que sientes una resequedad inmensa por todo tu cuerpo, el calor del desierto es tanto que apenas y tienes fuerza para mover las piernas. Tú guía, sin poder abandonarte te da ánimos para seguir adelante pero unos metros más adelante ya no puedes más y caes. Ya estas en Estados Unidos, a menos de un día de tu destino final pero tu cuerpo te indica que ya no puedes caminar bajo el sol infernal que te quema por dentro mientras respiras. El guía no se puede detener por ti, él lleva a más gente que, al igual que tu necesitan llegar a Estados Unidos. Entonces el guía decide dejarte bajo un árbol y te promete mandarte ayuda en cuanto llegue a su destino.

Mientras esperas la ayuda, bebes hasta la última gota de agua que te queda. Tienes tanto calor que no te puedes quedar sentado y decides intentar caminar para buscar ayuda tú solo. Como si estuvieras en una bomba de tiempo caminas desesperada/o. Tu vista se cansa tanto que ya no puedes ver lejos, tus piernas empiezan a temblar, tu corazón empieza a latir muy lento y una desesperación invade tu cuerpo hasta que vuelves a caer. Mientras te arrastras al árbol más cercano te das cuenta que es más triste morir sola/o en el desierto que pasar hambre tu pueblo lindo y querido. Tu respiración es cada vez más lenta, sabes que del desierto no vas a salir con vida y entonces le pides a dios  que cuide a tu familia, que no les falte nada para que no sean forzada/os a migrar como tú. Empiezas a recordar todos los momentos bonitos que viviste en tu vida, tu familia, amigos y conocidos. En tu último respiro  imaginas que ves a tu familia por última vez y les pides perdón por haber salido del pueblo en busca de un sueño, les pides perdón porque ya nunca la/os vas a volver y culpas al gobierno que te obligó a migrar hacia una muerte en el desierto.

Mueres. Mueres lentamente bajo los rayos del sol. En tu busca de un sueño encontraste la muerte, igual que cientos de miles de personas que salieron de sus pueblos, de las ciudades, y de su país de origen. Mueres inocentemente en un desierto que devora personas en busca de mejores oportunidades de vida. En medio del calor infernal tu vida se vuelve fría como la tristeza de tu familia a la que jamás vas a volver a ver. Una victima mas de las políticas que nos obligan a migrar injustamente, probablemente, si nadie encuentra tu cuerpo, serás olvidada/o para siempre, menos por la/os que te esperan en casa.

Algo similar le paso a Juan Antonio, un migrante Oaxaqueño que lamentablemente perdió la vida en el desierto en su intento por llegar a Estado Unidos para trabajar. Sus sueños de salir adelante y de poder ayudar a su familia económicamente se quedaron entre lo caliente del sol y lo ardiente de la tierra. Esto es solo una historia de cientos de miles de personas que se quedan el desierto. Gracias a las Águilas del Desierto que encontraron el cuerpo, Juan va a ser enterrado en la tierra que lo vio nacer. Juan nunca será olvidado, el vivirá por siempre en la memoria de quienes levantaron su cuerpo del desierto y de quienes lean estas palabras.

Juan y las miles de personas que han perdido la vida en su intento de llegar a los Estados Unidos son un ejemplo de cómo un pequeño grupo de personas nos pueden matar lentamente obligándonos a migrar. Por Juan, y por todas las muertes en la frontera, nosotras y nosotros tenemos que documentar las muertes en la frontera para que los políticos dejen de implementar reformas neoliberales que solo nos están matando.

Mi más sentido pésame y mis lágrimas van forjadas en estas letras que con mucho dolor salieron de mi corazón al escuchar la historia de la muerte de Juan. Que su familia reciba todo mi amor y mi pésame. Lamento mucho la perdida de Juan. Su vida no se perdió en balde, hay muchas personas que luchamos por parar las muertes en la frontera, esperamos que con estas palabras más gente se una a luchar junto con las que ya están luchando. Que en paz descanses, Juan.

 

  • Postdata, como un ave que busca a quienes buscan ayuda las Águilas del Desierto se han convertido en una organización que sin recibir dinero, son la esperanza de esas familias que buscan desesperadamente a sus seres queridos. Sin ganar dinero, sin recibir ayuda del gobierno, y con donaciones del pueblo, ella/os humildemente y con gran valentía se meten hasta lo más entraño del desierto en busca de personas perdidas. Si gustas contactarla/os para pedir ayuda en la búsqueda de un ser querido, o para agradecer su trabajo, te dejo pagina de Facebook: https://www.facebook.com/pages/Aguilas-Del-Desierto-Inc/1623207924566830?fref=ts  para que lo hagas. Con el corazón en las letras, estoy agradecido por la labor de las Águilas del Desierto al igual que estoy agradecido a morir por quienes leyeron y compartieron este escrito.

Solidaridad siempre,

Luis